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domingo, 4 de diciembre de 2011

SALVAR AL ESQUIZOFRENICO

Un mundo de propósitos después de una vida de ilusiones
The New York Times
Sábado 3 de Diciembre del 2011 | 21:39


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Por Benedict Carey
The New York Times Syndicate
ATENAS, Ohio – Se había marchado para siempre, y ninguna cantidad de meditación resolvería su dolor, ni siquiera aquí, en el bosque.
Milt Greek se puso de pie. Era el día de la madre de 2006, no mucho después del funeral de la suya, y se dirigió de regreso a su casa a sabiendas de que necesitaba ayuda. Un cambio en el medicamento para su esquizofrenia, con toda seguridad. Un cambio de enfoque, también.
Y, sí, tenía que actuar por un impulso expresado en su idea delirante y psicótica: salvar al mundo.
Así es que tras limpiar el jardín alrededor de su casa en los días siguientes, se sentó a escribir una carta dirigida al editor del periódico local en apoyo a un bando contra la contaminación por ruido.
Pequeñas cosas, quizá, pero Greek ha aprendido a vivir con su diagnóstico en parte comprendiendo sus mensajes subyacentes y actuando al respecto, así como que, en el camino, ha forjado algo excepcional: una vida plena.
Es uno de un número reducido de personas exitosas con un diagnóstico psiquiátrico grave, que han elegido contar públicamente su historia. Al hacerlo, contribuyen a una comprensión más profunda de la enfermedad mental.
''Empecé a sentirme mejor, más fuerte, al día siguiente’', dijo Greek, de 49 años, un programador que por años, antes de recibir tratamiento médico, tuvo delirios de haber conocido a Dios y a Jesús.
En general, los doctores consideran que las creencias delirantes de la esquizofrenia son sólo ''delirios’' y cualquier intento por darles rienda suelta para que sean un ejercicio de colusión temeraria que podría empeorar las cosas.
No obstante, la gente que ha tenido tales experiencias discrepa a menudo, y argumenta que los delirios tienen su origen no sólo en la enfermedad, sino también en los temores, anhelos y heridas psicológicas que, una vez que se comprenden, pueden ayudar a la gente en una recuperación sostenida tras recibir tratamiento.
Ahora, estos veteranos psiquiátricos se están reuniendo en cantidades cada vez mayores, en reuniones y conferencias, y están escribiendo sus propias historias clínicas, desarrollando sus propias teorías de la psicosis, con el beneficio de tener muchísimos más datos de los que tuvieron alguna vez: las historias de unos y otros.
Greek es uno de los más excepcionales, ya que se ha forjado una vida y una carrera exitosas a pesar de padecer esquizofrenia – y, dice, debido a ella. Maneja el trastorno con medicamentos, rutinas personales y prestando atención a los mensajes de sus propios delirios extraños.
Como muchos estudiantes universitarios idealistas, Greek llegó a la Universidad de Ohio en Atenas con una misión. Sólo que, como muchos universitarios, no estaba totalmente seguro de cuál era.
Era el otoño de 191.
''No puede imaginarse lo intenso que era en ese entonces’', observó June Holley, una amiga y consultora de negocios en Atenas.
El hijo de un catedrático universitario de matemáticas y abogado, Milton Thomas Greek creció en Roanoke, Illinois, y en la vecina Benson, a unas dos horas al suroeste de Chicago. Se autoproclamó ateo muy temprano, que en una comunidad de cristianos devotos era una forma de agitar las aguas, y a los chicos que dominaban el patio de la escuela.
''Me dijeron que estaba condenad, ¡condenado!; y me persiguieron’', dijo Greek. No descubrió el secreto para la paz mundial y, en el último año, tenía un matrimonio aquejado por los problemas, y empezó a ver y escuchar cosas que otros no veían ni oían.
Al final, se colapsó su matrimonio. Sus amistades dejaron de buscarlo. Estaba de regreso en su casa de Illinois cuando finalmente un médico lo diagnosticó – esquizofrenia – y le recetó medicinas.
''Me volví muy suicida’', contó. ''No tengo ni idea de qué me estaba pasando todo ese tiempo. Había sido este gran ateo, pero aquí estaba pensando que el éxtasis está a punto de comenzar y que soy el anticristo; todas estas imágenes religiosas’'.
¿Por qué?
La respuesta era obvia y liberadora en última instancia.
Era 1984, había rogado para regresar a la Universidad de Ohio para hacer estudios de posgrado en sociología, aún perdido en su propia mente, y sus pensamientos se hacían más oscuros cada día. Alejaba a sus compañeros de clases, profesores y amigos.
Casi la única excepción fue Holley, estudiante de posgrado, unos 15 años mayor que él, y un día decidió visitar la comuna donde vivía ella con su familia y varias otras.
En los siguientes meses, se sentaron con él, lo aceptaron como miembro de la tribu y lo alentaron a seguir su misión para mejorar al mundo tal cual es. Y sugirieron que buscara ayuda.
Fue Holley quien transmitió el mensaje.
''Confiaba totalmente en ella, así que cuando dijo que estaba alucinando; cuando utilizó la palabra 'alucinación’, supe que era verdad’', contó Greek.
Funcionó, disminuyó la psicosis lo suficiente para que pudiera completar un curso de programación y encontrar empleo, primero en Illinois y después en Atenas, en el departamento de tecnología informática en la Universidad de Ohio.
Con el tiempo, encontró algo más: durante una tormenta de nieve en 1996, Greek tocó a la puerta de una vecina, a la que había visto en Atenas, una madre soltera con dos hijos adolescentes, que tenía un empleo de tiempo completo y hacía un posgrado, quien rezaba en ese momento por algo para pasar el invierno.
El hombre en la puerta no parecía un salvador, con sus vaqueros andrajosos y cabello rebelde. Sin embargo, se ofreció a preparar la cena un día en el que el refrigerador estaba casi vacío.
Los vecinos se hicieron amigos, luego se tomaron cariño y, finalmente, se enamoraron.
Se casaron en 2003 (la esposa de Greek, una artista, solicitó que no apareciera su nombre en este artículo por razones de privacidad), y lo ayudó a arreglar sus delirios religiosos, ahora controlados con medicamentos, en una historia personal coherente que ha guiado su vida cotidiana.
Las voces atemorizantes y signos ominosos que le decían que estaba condenado no eran más que personificaciones de su terror infantil muy real a que lo desterraran. Su búsqueda del cielo en la tierra fue, en parte, un intento por escapar de ese destino, de encontrar un lugar seguro. Sin embargo, también dramatizó un anhelo de corregir al mundo, una misión que pudo haber comenzado como una fantasía vana, pero, con el tiempo, se convirtió en una imperativo emocional, en una necesidad de realizar pequeñas acciones de bondad.
''Cuando empecé a ver los delirios en el contexto de las cosas que me sucedían en mi vida real, finalmente tuvieron sentido’', notó Greek. ''Y comprender la historia de mi psicosis me ayudó a ver lo que necesitaba para estar bien’'.
El régimen de Greek combina la meditación, el trabajo y el tratamiento con fármacos con visitas ocasionales a un terapeuta, así como una dieta estable de actos caritativos. Algunos de ellos tienen el objetivo de mejorar a la comunidad; otros, para compañeros de trabajo y amigos, especialmente quienes lidian con un diagnóstico psiquiátrico.
Para ayudar a otros que experimentan delirios psicóticos, cuenta con su propia teoría de lo que pueden significar. En un análisis de 20 experiencias de delirios, descritos por quienes los padecieron en primera persona, Greek identifica cuatro argumentos:
El rescatador (en misión para salvar a un grupo particular); la persona que se odia a sí misma (perdida en un sentido de inutilidad extrema); el visionario (en un viaje a los reinos espirituales para devolver a la verdad), y el mesiánico (empeñado en transformar al mundo con milagros o mediante el contacto con deidades). Este último es su propia historia de psicosis.
Cada uno, según la interpretación de Greek, surge de un temor o un trauma específicos, ya sea por aislamiento, abuso o disfuncionalidad familiar, en la misma forma en la que su propia historia de delirios simbolizaba al temor de ser un rechazado social. Está preparando el estudio para su publicación en una revista psiquiátrica y ha plasmado gran parte de sus ideas en un manual para familias que lidian con la psicosis, titulado ''Esquizofrenia: un patrón para la recuperación’'
El análisis de Greek de los argumentos de la psicosis, por supuesto, que no es el primero en su tipo, ni el más exhaustivo. Psiquiatras, psicólogos, terapeutas y científicos del cerebro han tejido miles de ideas sobre lo que sucede durante un delirio.
Sin embargo, hasta hace poco, los propios pacientes – es decir, no profesionales que han vivido con las alucinaciones y los delirios – tenían poco más que sus propias historias extrañas para estudiar, a cualquier detalle. Ahora tienen docenas, y Greek es uno de un número reducido de tales teóricos ''originarios’', que argumenta que el contenido de un delirio no debería ignorarse sino abordarse, cuidadosamente, una vez que una persona tiene bajo control sus alucinaciones.
''Al explorar las creencias y experiencias anómalas de una persona, estamos mejor capacitados para comprender el sentimiento y las necesidades subyacentes, que alimentan esas experiencias’', explicó Paris Williams, un psicólogo que ha luchado con la psicosis y publicó recientemente una tesis doctoral en la que analiza el contenido de los delirios de seis personas.
Desde la muerte de su madre, Greek y su esposa han recibido varios golpes emocionales más, por la muerte de otros familiares cercanos. El ha estado especialmente tenso por el empleo, los proyectos comunitarios y los viajes para hablar, a menudo ante grupos de policías, sobre cómo entender el pensamiento psicótico cuando tratan con personas en las calles.
Fue demasiado, y en agosto, volvió a ver a su terapeuta, y poco después hizo un trato con su esposa.
''Ella y yo firmamos un contrato en el que identificamos y limitamos el trabajo voluntario que haré el año entrante’', escribió en un correo electrónico.
Aún no salva al mundo de sí mismo, ni, para el caso, a Atenas. Sin embargo, hasta un rescatista mesiánico necesita un día libre, aunque sólo sea para regresar más fuerte al siguiente.
Leer más: Sociedad, New York Times, psicósis, Mil Greek


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