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martes, 29 de mayo de 2012

RELIGION

La psicología o el reemplazo de Dios por:Suso do Madrid 1 Comentario Publicado el 18 de May, 2012 en Cartas de lectores Siem­pre se pro­duce un desas­tre nos esta­mos fami­lia­ri­za­dos con el siguiente comen­ta­rio: “Las víc­ti­mas han tenido que ser ayu­da­das por psicólogos”. Tengo toda la impre­sión que eso res­ponde a que se ha reem­pla­zado el con­suelo y la for­ta­leza ver­da­de­ros que vie­nen de Dios por un acto “pro­fe­sio­nal”, algo que tiene que ver con unas “téc­ni­cas” (de res­pi­ra­ción, rela­ja­ción, auto supera­ción, duelo, etc.), y unas pala­bras más o menos pre­fa­bri­ca­das (la tera­pia psi­co­ló­gica), cuando no “unas pas­ti­llas”. Evi­den­te­mente, esto es una visión reduc­cio­nista (mini­ma­lista y par­cial) del ser humano. La ayuda espi­ri­tual, emo­cio­nal, psi­co­ló­gica y/o mate­rial que los hijos de Dios pue­den pres­tar a sus seme­jan­tes ya no está de moda, ¿por qué? Por­que los ver­da­de­ros hijos de Dios no abun­dan. Es por esto que se ha sus­ti­tuido lo que Dios hace por medio de sus hijos, se ha ins­tru­men­ta­li­zado y puede hacerse por los hom­bres (pasen o no por un suceso aflic­tivo o estén sufriendo) por algo mera­mente acci­den­tal, cir­cuns­tan­cial, peri­fé­rico, no esencial. Es como sus­ti­tuir la comida por un chi­cle. El hom­bre, en su estado natu­ral (es decir, sin con­ver­tirse a Dios, y ser trans­for­mado por Él), sólo se mueve en las coor­de­na­das de lo terrenal. Todo lo que per­cibe, eva­lúa y hace se rige por pará­me­tros mate­ria­les, ya sean meca­ni­cis­tas (posi­ti­vismo, prag­ma­tismo, hedo­nismo, con­su­mismo, etc.), o huma­nis­tas (racio­na­lismo, filan­tro­pía, diver­sas filo­so­fías, el psi­coa­ná­li­sis, la tera­pia de la Ges­talt, etc.), pero todo ello impreg­nado de egoísmo y corrup­ción moral, ade­más de su mio­pía espi­ri­tual. A nadie se le escapa que muchas ONGs y otras aso­cia­cio­nes bené­fi­cas son sólo la tapa­dera (o el meca­nismo) para que sus pro­mo­to­res ten­gan bene­fi­cios materiales. Autor: Suso do Madrid Link Rss para esta publicación Link permanente al articulo Enviar a un amigo lahistoriaparalela mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm Esenciales, según Joseph Pearce Tres ideas de JRR Tolkien El biógrafo del autor de «El Señor de los Anillos» los ha espigado de la obra de un «genio»: Peter Kreeft. Actualizado 26 mayo 2012 Compartir: | Imprimir | Corregir | Enviar | Comentar 2 C.L./ReL El último post de Joseph Pearce en St Austin Review está dedicado a la figura de JRR Tolkien, autor de El Señor de los Anillos, a quien consagró una de sus biografías. O, como el mismo Pearce dice, más bien está dedicado "al genio de Peter Kreeft", profesor de filosofía en el Boston College y en el King´s College de Nueva York, quien ha escrito un libro, Filosofía de Tolkien, del que Pearce extrae tres perlas definitorias de la visión del mundo del gran novelista sudafricano. Tal como Pearce las comparte con sus lectores, las reproducimos aquí: "El tradicionalismo de Tolkien, con toda su dependencia del pasado, no comete el error de ignorar el futuro. De hecho, la principal razón de la tradición es conducir el futuro. No es ni siquiera exacto decir que los héroes de Tolkien equilibran su tradición con un sentido de responsabilidad con el futuro, como si ambas cosas fueran opuestas. En efecto, escuchar al pasado y la responsabilidad con el futuro son las dos caras de la misma moneda". "Todos nosotros, como Frodo, tenemos una Búsqueda, una Misión: nuestros deberes cotidianos. Vienen a nosotros, no proceden de nosotros. Sólo somos libres para aceptar o rechazar nuestra misión... e, implícitamente, nuestra Misión principal". "Tolkien, como la mayor parte de los católicos, vio los mitos paganos no como un error absoluto (como los ven la mayor parte de los protestantes), sino como confusos precursores del cristianismo. El alma del hombre tiene tres poderes, y Dios le dejó profetas para las tres: los moralistas judíos para su voluntad, los filósofos griegos para su inteligencia, y los mitos paganos para su corazón, imaginación y sentimientos. Por supuesto, estos dos últimos no son infalibles". ¿Te ha gustado este artículo? Coméntaselo a tus amigos y conocidos: Pentecostés «Estamos reviviendo la misma experiencia de Babel» Benedicto XVI cifró en el Espíritu Santo la esperanza de unidad y comprensión para el mundo. Actualizado 27 mayo 2012 Compartir: | Imprimir | Corregir | Enviar | Comentar 13 ReL Homilía de Benedicto XVI en la festividad de Pentecostés de 2012 Queridos hermanos y hermanas: Estoy feliz por celebrar con ustedes esta Santa Misa, animada hoy, también por el Coro de la Academia de Santa Cecilia y por la Orquesta Juvenil –a la que agradezco-, en la Solemnidad de Pentecostés. Este misterio constituye el bautismo de la Iglesia, es un evento que le ha dado, por así decir, la forma inicial y el impulso para su misión. Y esta «forma» y este «impulso» son siempre válidos, siempre actuales, y se renuevan de modo particular mediante las acciones litúrgicas. Esta mañana quisiera detenerme en un aspecto esencial del misterio de Pentecostés, que en nuestros días conserva toda su importancia. Pentecostés es la fiesta de la unión, de la comprensión y de la comunión humana. Todos podemos constatar cómo en nuestro mundo, aun si estamos cada vez más cercanos unos de otros con el desarrollo de los medios de comunicación, y las distancias geográficas parecen desaparecer, la comprensión y la comunión entre las personas muchas veces es superficial y difícil. Permanecen desequilibrios que no rara vez conducen a conflictos; el diálogo entre las generaciones se hace fatigoso y en ocasiones prevalece la contraposición; asistimos a eventos cotidianos en los cuales nos parece que los hombres se están haciendo más agresivos y malhumorados; comprenderse parece demasiado difícil y se prefiere permanecer en el propio yo, en los propios intereses. En esta situación ¿podemos verdaderamente encontrar y vivir aquella unidad de la que tenemos tanta necesidad? La narración de Pentecostés en los Hechos de los Apóstoles, que hemos escuchado en la primera lectura (cfr At 2,1-11), contiene en fondo uno de los últimos grandes frescos que encontramos al inicio del Antiguo Testamento: la antigua historia de la construcción de la Torre de Babel (cfr Gen 11,1-9). Pero ¿qué cosa es Babel? Es la descripción de un reino en el que los hombres han concentrado tanto poder de llegar a pensar en no tener que hacer más referencia a un Dios lejano y de ser talmente fuertes, de poder construir por sí solos un camino que conduzca al cielo para abrir sus puertas y colocarse en el lugar de Dios. Pero justo en esta situación se verifica algo extraño y singular. Mientras los hombres estaban trabajando juntos para construir la torre, de repente se dieron cuenta que estaban construyendo el uno contra el otro. Mientras trataban de ser como Dios, corrían el peligro de ya no ser ni siquiera hombres, porque habían perdido un elemento fundamental del ser personas humanas: la capacidad de ponerse de acuerdo, de entenderse y de actuar juntos. Este pasaje bíblico contiene una perenne verdad; lo podemos ver a lo largo de la historia, pero también en nuestro mundo. Con el progreso de la ciencia y de la técnica hemos alcanzado el poder de dominar las fuerzas de la naturaleza, de manipular los elementos, de fabricar seres vivientes, llegando casi hasta el mismo ser humano. En esta situación, orar a Dios parece algo superado, inútil, porque nosotros mismos podemos construir y realizar todo aquello que queremos. Pero no nos percatamos de que estamos reviviendo la misma experiencia de Babel. Es verdad, hemos multiplicado las posibilidades de comunicar, de obtener informaciones, de transmitir noticias, pero ¿podemos decir que haya crecido la capacidad de comprendernos, o tal vez, paradójicamente, nos comprendemos menos? Entre los hombres ¿no parece tal vez serpentear un sentido de desconfianza, de sospecha, de temor recíproco, hasta convertirnos inclusive peligrosos los unos para los otros? Regresamos entonces a la pregunta inicial: ¿Puede haber verdaderamente unidad, concordia? Y ¿cómo? La respuesta la encontramos en la Sagrada Escritura: la unidad puede existir solamente con el don del Espíritu de Dios, el cual nos dará un corazón nuevo y una lengua nueva, una capacidad nueva de comunicar. Ésto es aquello que se verificó en Pentecostés. Aquella mañana, cincuenta días después de la Pascua, un viento impetuoso sopló sobre Jerusalén y la llama del Espíritu Santo descendió sobre los discípulos congregados, se posó sobre cada uno y encendió en ellos el fuego divino, un fuego de amor, capaz de transformar. El temor desapareció, el corazón sintió una nueva fuerza, las lenguas se liberaron e iniciaron a hablar con franqueza, en modo que todos pudieran comprender el anuncio de Jesucristo muerto y resucitado. En Pentecostés, donde había división y enajenamiento, nacieron la unidad y la comprensión. Pero miremos el Evangelio de hoy, en el que Jesús afirma «Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad» (Jn 16,13). Aquí Jesús, hablando del Espíritu Santo, nos explica qué cosa es la Iglesia y cómo ella debe vivir para ser sí misma, para ser el lugar de la unidad y de la comunión en la Verdad; nos dice que actuar como cristianos significa no permanecer cerrados en el propio «yo», sino orientarse hacia el todo; significa acoger en sí mismos a la Iglesia toda entera o, aún mejor, dejar interiormente que ella nos acoja. Entonces, cuando hablo, pienso, actúo como cristiano, no lo hago encerrándome en mi yo, sino que lo hago siempre en el todo y a partir de todo: así el Espíritu Santo, Espíritu de unidad y de verdad, puede continuar resonando en los corazones y en las mentes de los hombres e impulsándolos a encontrarse y acogerse recíprocamente. El Espíritu, justamente por el hecho de que actúa así, nos introduce en toda la verdad, que es Jesús, nos guía en el profundizarla, en comprenderla: nosotros no crecemos en el conocimiento cerrándonos en nuestro yo, sino solamente siendo capaces de escuchar y de compartir, solamente en el «nosotros» de la Iglesia, con una actitud de profunda humildad interior. Y así se hace cada vez más claro por qué Babel es Babel y Pentecostés es Pentecostés. Donde los hombres quieren hacerse Dios, pueden solo ponerse el uno contra el otro. Donde en cambio se colocan en la verdad del Señor, se abren a la acción de su Espíritu que los sostiene y une. La contraposición entre Babel y Pentecostés resuena también en la segunda lectura, donde el Apóstol dice: “Los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne” (Gal 5,16). San Pablo nos explica que nuestra vida personal está marcada por un conflicto interior, por una división entre los impulsos que provienen de la carne y aquellos que provienen del Espíritu; y nosotros no podemos seguirlos todos. No podemos, en efecto, ser contemporáneamente egoístas y generosos, seguir la tendencia de dominar sobre los demás y sentir la alegría del servicio desinteresado. Debemos siempre elegir cuál impulso seguir y lo podemos hacer en modo auténtico solamente con la ayuda del Espíritu de Cristo. San Pablo menciona las obras de la carne, son los pecados de egoísmo y de violencia, como enemistad, discordia, rivalidad, desacuerdos; son pensamientos y acciones que no nos hacen vivir en modo verdaderamente humano y cristiano, en el amor. Es una dirección que conduce a perder la propia vida. En cambio el Espíritu Santo nos guía hacia las alturas de Dios, para que podamos vivir ya en esta tierra el germen de la vida divina que está en nosotros. Afirma, en efecto, san Pablo: «El fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz» (Gal 5,22). Notamos que el Apóstol usa el plural para describir las obras de la carne, que provocan la dispersión del ser humano, mientras usa el singular para definir la acción del Espíritu, habla de «fruto», igual que como a la dispersión de Babel se contrapone la unidad de Pentecostés. Queridos amigos, debemos vivir según el Espíritu de unidad y de verdad, y por esto debemos orar para que el Espíritu nos ilumine y nos guíe para vencer la fascinación de seguir nuestras verdades, y para acoger la verdad de Cristo transmitida en la Iglesia. La narración de Lucas sobre Pentecostés nos dice que Jesús antes de subir al cielo les pidió a los Apóstoles que permanecieran juntos para prepararse para recibir el don del Espíritu Santo. Y ellos se reunieron en oración con María en el Cenáculo a la espera del evento prometido (cfr At 1,14). En recogimiento con María, como en su nacimiento, la Iglesia también hoy ora: «Veni Sancte Spiritus! – Ven Espíritu Santo, colma los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor». Amén. ¿Te ha gustado este artículo? Coméntaselo a tus amigos y conocidos: RELIGION EN LIBERTAD MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM LOS VASCOS Y LA PITADA #NAVARRA #PAMPLONA #PATXI LOPEZ http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=22838 Actualizado 28 mayo 2012 Y Rosell, Urrutia, Patxi López, Artur Mas…¿qué dicen de la pitada? El sábado en esta misma sección ya me hice una pregunta: “¿Dónde c… estaba ayer Rajoy?”, cuando su sitio era en el Calderón, al lado de quien sí tuvo la gallardía de acudir representando a la más alta magistratura de la nación. Estuvo feo que no acudiera, Rajoy, peor aún, cometió un terrible error. Hoy la pregunta es: ¿Y donde han estado todos estos días Rosell y Urrutia, presidentes del F.C. Barcelona y del Athletic Club de Bilbao? ¿Y dónde han estado todos estos días el Sr. López y el Sr. Mas, presidentes respectivamente de la comunidad autónoma vasca y de la comunidad autónoma catalana? ¿Una sola declaración pidiendo a sus aficionados y a sus ciudadanos un poco cordura, un poco de serenidad, un poco de respeto a los demás o simplemente a los madrileños que con tanta hospitalidad les hemos acogido? ¿Una sola palabra en defensa de la Jefatura del Estado y de los símbolos nacionales, que son de todos, también de ellos (aunque les pese)? ¿Es que nadie les va a pedir a los citados señores responsabilidad alguna por su silencio, en el mejor de los casos cobarde, en el peor -y según me temo el más cercano a la realidad-, cómplice? Y en cambio a ella... a ella la han puesto a caer de un burro, a parir como se dice, por hacer la únicas declaraciones sensatas que se han hecho en toda la semana sobre el tema del que hemos estado hablando todos. Me refiero, claro está, a Esperanza Aguirre, que dijo una verdad como un templo: si hay pitada (en la final de la Copa del Rey) se cierra el campo y se juega a puerta cerrada. ¡Pues claro que sí! ¡Faltaría más! Que una cosa es la libertad de expresión y cosa muy distinta es la ofensa de los símbolos nacionales, por cierto, penada en el Código Penal: “Artículo 543. Las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses”. Igual que las ofensas a la Corona, no menos castigadas: “Artículo 490.3. El que calumniare o injuriare al Rey o a cualquiera de sus ascendientes o descendientes, a la Reina consorte o al consorte de la Reina, al Regente o a algún miembro de la Regencia, o al Príncipe heredero de la Corona, en el ejercicio de sus funciones o con motivo u ocasión de éstas, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años si la calumnia o injuria fueran graves, y con la de multa de seis a doce meses si no lo son”. Y si a quien tiene que hacer cumplir la ley no le gustan estos artículos, que los derogue y que despenalice las conductas que castigan. Pero mientras existan... ¡que se apliquen! ¡Y basta ya de hacer leyes para no cumplirlas! Vivimos en un país raro, el único país del mundo en el que sus nacionales pitan al himno propio y escupen a su propia bandera. A muchos les parecerá un espectáculo singular, del que todos andan admirados por ahí… Todo lo contrario, créanme: un espectáculo infame, deplorable, repugnante, que nadie en el mundo comprende, difícil de explicar a nadie que no sea español… tan horroroso y miserable como el que escupe a su padre… o sea, imperdonable… ©L.A. encuerpoyalma@movistar.es MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM Bailarina y bloguera y «¡Viva Cristo Rey!» Dance Immaculata: evangelizar mediante la danza La teología del cuerpo de Juan Pablo II está dando frutos en las artes. El de Cecilia Rodríguez Schwartz es un caso de especial colorido. Actualizado 27 mayo 2012 Compartir: | Imprimir | Corregir | Enviar | Comentar 2 ReL "Bailarina católica" y "bailando en católico": así se define a sí misma Cecilia Rodríguez Schwartz, creadora de un ministerio evangelizador, Dance Immaculata, que ya habla de una devoción y una convicción que son santo y seña de su trabajo. Nacida en California pero afincada en Michigan al poco de nacer, y de origen mexicano, es la segunda de seis hermanos y tiene el veneno del baile dentro desde los diez años. Y como sus padres le enseñaron desde pequeña "a conocer su fe y a vivirla día a día", como cuenta en su propio blog, cuando llegó a adulta decidió abrazar todos los aspectos de la fe como propios. Y, entre ellos, la teología del cuerpo de Juan Pablo II, en donde reconoce una de las razones por las que quiere convertir su arte en un instrumento de evangelización. De hecho, define Dance Immaculata como "un apostolado que muestra la verdad y la belleza a través del catolicismo y de la expresión artística de la danza". Tras trabajar durante veinticinco años en diversas compañías profesonales y con variedad de estilos (salsa, cumbia, merengue...), actualmente lo hace en la Calpulli Mexican Dance Company de Nueva York, que interpreta bailes típicos mexicanos de gran vistosidad y colorido. Cecilia también ha hecho ballet clásico. "La danza", explica, "es una expresión artística que sirve para reflejar a Dios en el hombre, hecho a su imagen y semejanza". Y acompaña la narración de sus actuaciones con la Carta a los artistas de Juan Pablo II o el Mensaje a los artistas de Benedicto XVI. Orgullosa de sus raíces, aunque reconociendo que ignora mucho sobre ellas, recomienda vivamente la película Cristiada: "Me sonaba vagamente la historia por las recientes canonizaciones de los mártires de aquella época, pero no había prestado mucha atención a las razones de su martirio". Este lunes vio la película y los ojos se le llenaron de lágrimas: "Salí del cine inspirada por la fe de los cristeros, reforzada en mi misión como bailarina mexicana y con profundo respeto a mis antepasados. ¡Viva Cristo Rey!", concluye uno de sus últimos posts. ¿Te ha gustado este artículo? Coméntaselo a tus amigos y conocidos: RELIGION EN LIBERTAD MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM Se esperan nuevos arrestos en las próximas horas El Vaticano desmiente que un cardenal y una mujer estén siendo investigados por el «Vatileaks» Instituto de Obras de Religón (IOR) Las nueve razones por las que el Banco del Vaticano destituyó a su presidente Ettore Gotti Fondos privados aportan el 62% del presupuesto de Cáritas El socialista Zarrías cree que Cáritas vive de fondos públicos, como las ONGs del PSOE La crucifixión de Jesús: viernes 3 de abril del año 33 dC La iglesia que destruyó Stalin será reconstruida por las abuelitas rusas Rajoy descarta tajantemente «denunciar» el Concordato para que la Iglesia pague el IBI Un desafiante Krahe, juzgado por su corto «Cómo cocinar un Cristo», dice que se exiliará a Francia Un cuervo en el anonimato: «Somos muchos y hemos decidido actuar para ayudar al Papa» Francisco Vázquez acusa al PSOE de «anticlericalismo decimonónico» El PSOE usa al IBI y los ayuntamientos para buscar el voto anticlerical que se va a IU Unos musulmanes asesinan a su hija de 16 años por ser «demasiado occidental» Opinión La belleza del bautismo (III): La Profesión de Fe, por Pedro A. 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