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miércoles, 8 de febrero de 2012

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El deseo sexual hipoactivo está realcionado con una hipervigilancia hacia el propio cuerpo. (Corbis)
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Javier Sánchez* 08/02/2012 (06:00h)

De forma no ligada al desgaste de la pareja o al envejecimiento, hasta un 40% de las mujeres entre 20 y 70 años en Estados Unidos presentarían esta dificultad común erótica definida por la falta de interés o deseo, la ausencia de pensamientos o fantasías de contenido sexual, acompañadas de una pobre respuesta al deseo de la pareja así como de sufrimiento personal y relacional ante la escasez de razones o incentivos que induzcan a buscar o consentir el acercamiento sexual.

Como concepto, el deseo sexual hipoactivo fue puesto sobre la mesa por la psiquiatra y sexóloga clínica Helen S. Kaplan. Controvertido desde su propia formulación, se ha convertido en un diagnóstico clínico psiquiátrico que lejos de desaparecer ante los embates de diversas corrientes sexológicas, se ha reforzado por lo creciente de su aparición en las quejas clínicas de mujeres y parejas.

Un reciente estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine utilizó técnicas de resonancia magnética funcional (dirigidas a establecer qué partes del cerebro aumentan su funcionamiento o lo disminuyen ante la realización de distintas tareas) para intentar evaluar qué diferencias existirían en el funcionamiento cerebral de mujeres con este trastorno.

El recuerdo de las emociones no se activa

En concreto, este estudio multidisciplinar realizado por investigadores de la Universidad de Ginebra y de Syracuse, exponía a las mujeres seleccionadas (con edades en torno a los 30 años) a fotografías de contenido erótico mientras se practicaba un registro de neuroimagen funcional de su activación cerebral.

Los resultados mostraron que en las mujeres con deseo sexual hipoactivo no se “iluminaban” áreas relacionadas con la recuperación de recuerdos autobiográficos relevantes y de las emociones ligadas a ellos, que sí tenían lugar en las mujeres del grupo control. Estudios previos en voluntarios sanos han confirmado que regiones cerebrales de nuestro sistema límbico se “iluminan” de forma constante ante la exposición visual a estímulos que consideramos sexualmente deseables.

Por otro lado, en las mujeres con deseo sexual hipoactivo se activaban regiones cerebrales no activas en las mujeres del grupo control (mujeres que no aquejaban deseo sexual hipoactivo). Estas áreas hiperactivas son regiones que en nuestro cerebro se encargan de registrar y considerar aspectos como las percepciones y creencias sociales que subyacen a la moralidad, la autoimagen corporal y la monitorización-evaluación de la respuesta propia al estímulo sexual.

Hipervigilancia hacia el propio cuerpo

Las conclusiones de Bianchi-Demicheli y colaboradores, no disminuidas un ápice por ratificar lo que tantas veces se ha propugnado desde terrenos menos biológicos, son marcadamente esclarecedoras, y con potenciales aplicaciones desde el terreno de la educación sexológica hasta el de la terapia.

Así, el deseo sexual hipoactivo estaría relacionado con una incapacidad para extraer recuerdos de experiencias eróticas y amatorias previas (independientemente de que éstas hayan tenido lugar o no, con esa o con otras parejas). A ello se añadiría una hipervigilancia hacia el propio cuerpo, marcada por la ansiedad ante las propias reacciones físicas y mentales al acercamiento y al deseo del otro, así como por la interferencia de preocupaciones ligadas a la “autoestima” y a la baremación del cuerpo propio como atractivo. En otras palabras, un cóctel de sensaciones distractoras incompatibles con el necesario abandono propicio para el encuentro satisfactorio.

*Javier Sánchez es psiquiatra y sexólogo. Salud y Bienestar Sangrial.

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